STURM UND DRANG

 

Carlyle eleva a Cromwell con su cortejo austero y fúnebre sobre los turbulentos regicidas del noventa y tres. Taine le objeta con acierto que el propósito de los segundos contrasta con la filantropía, con el motivo casi egoísta del puritano. Nuevos ideales habían ennoblecido durante el siglo XVIII el apasionado anhelo de reforma.

 

El esfuerzo generoso de la Revolución ocasiona el aserto muy socorrido y abundante de que la política desinteresada es prez singular de Francia con el mismo título y en la misma proporción que el talento discursivo, regular y consecuente. Ello es declarar por tenaz virtud de un pueblo lo que es apenas mérito y carácter exclusivo de cierta época inaudita. En la Europa sentimental de aquel siglo las personas cultas se preocupaban por la suerte del hombre, abstracto y universal, como que todas ejercitaban y honraban la razón, facultad propensa a omitir lo particular e individuante. En Alemania, semillero para entonces de filósofos distraídos y perplejos, abundaban naturalmente los weltbürger o ciudadanos del mundo. Los de Inglaterra aplaudían a la faz de un gobierno réprobo las victorias de Washington. Estaba de moda abstenerse del patriotismo, por mezquino, y oscilar entre la monarquía constitucional de Montesquieu y la república democrática de Rousseau.

 

Dos poetas, Schiller y Shelley, a mutua distancia de treinta años, albergan y retratan el sentimiento humanitario de aquellos días ardientes. Los dos descontentos, nebulosos y oratorios. Intrépidos heraldos, videntes irritados, bajo el cielo tormentoso y enigmático sostienen y vibran en la diestra un haz de rayos.

 

JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE