ELLA

 

Ella estaba parida tristemente

sobre una ola, también recién parida.

Y era su substancia, de amortiguado rostro redivivo,

como la mano empuñada de rojo.

y perennemente sola como el signo de su frente.

 

Ella, y el viento azul, meciéndola como un padre,

con algo de brutal y algo de amoroso.

 

Ella tenía asida a su cintura

la acordonada mano del amigo.

Tanta enramada para tanta sangre.

 

Ella estaba parada

como un pequeño invierno sedentario

y en los ojos le bailaba la muerte.

 

Para existir después de tanta primavera,

ella debió tener un silencio estatuario

en su única arruga frontal.

 

STELLA DÍAZ VARÍN 

La Colorina